Mirar con un solo ojo es como espiar a través de una cerradura… Ver sólo un fragmento de una escena por vez –una instantánea que por sí misma cuente una historia– y apelar al propio ingenio para construir el resto.
Eso es, brevemente, enfrentar la vida con un solo ojo.

Las historias que comparto aquí requieren de un pequeño esfuerzo de quien las lea, esfuerzo por completar los espacios vacíos, la parte de la imagen que queda fuera de foco… Y en ese ejercicio productivo de la imaginación, estará la retribución para quienes se aventuren a este, mi mundo visto con un solo ojo.

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