Somos un cúmulo de lo que vemos, lo que leemos, lo que escuchamos.

Estas fueron mis fuentes de inspiración a la hora de comenzar con estos ejercicios de microrrelatos.

Primero, el cuento corto más hermoso que he leido en mi vida, que forma parte –por casualidad o causalidad– del libro de Cortázar “Un tal Lucas”. Lo comparto aquí:

Amor 77
Y después de hacer todo lo que hacen, se levantan, se bañan, se entalcan, se perfuman, se peinan, se visten, y así progresivamente van volviendo a ser lo que no son.


Segundo, un libro casi mágico que alguna vez tuve en mis manos de pequeño –y que gracias a la multifacética Mariana Costa recordé hace poco más de un año–. “The Misteries of Harris Burdick” es una obra de arte en todo sentido, un libro-álbum con yapa: según su leyenda, el autor del libro (Van Allsburg) recibió de manos del investigador privado Harris Burdick, una serie de manuscritos sobre los casos que investigaba. Burdick no fue visto nunca más, y sólo quedan de esos misterios un dibujo y una frase, que por sí solos pueden parecer incompletos, pero que invitan al lector a completar la historia apelando a su propia imaginación. La mismo idea que, a leguas de distancia, tienen detrás mis relatos de menos de 140 caracteres.

Los misterios de Harry Burdick

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